La virtualidad en la niñez

La virtualidad en la niñez

El 20 de marzo a las 00:00 horas Argentina anunció el aislamiento social obligatorio a nivel nacional por VOVID-19.
Desde ese día los y las profesionales de la salud estuvimos involucrados en la problemática de diferentes maneras. En lo que respecta a la salud mental, las profesionales nos hemos capacitado periódicamente en diferentes abordajes en este nuevo contexto. De un día para el otro, tuvimos que cerrar los consultorios, y los pacientes que acudían semanalmente a aliviar su dolor, a tratar sus problemáticas, a adquirir herramientas para la convivencia familiar, laboral o social, de repente se vieron en un confinamiento que en muchos casos los llevó al aislamiento total sumergiéndolos en la tristeza profunda, incluso a la depresión.
Nos vimos obligadas a trabajar con mayor intensidad o fundamentalmente a ser creativas. En muchos sectores se establecieron una red entre colegas para compartir experiencias y estrategias implementadas en cada circunstancia para poder adaptarlas a nuestro contexto.
Es así que empezaron las terapias por Skype, por Zoom (plataforma desconocida por la mayoría hasta el momento del confinamiento), por videollamada, y para quienes no toleraban la imagen, la terapia a través del llamado telefónico y hasta se han implementado las terapias por mail.
En tiempos de encierro, en tiempos de clases presenciales suspendidas, los niños y las niñas necesitan mas que nunca su espacio de intimidad con otros niños, y cuando esto no es posible, construir un espacio con otra persona, como la psicóloga, otra que no es ni el papá, ni la mamá, lo habilita a poder desplegar un sinfín de emociones, reproches, enojos, conflictivo familiar, y construir diferentes modos de afrontar lo que allí acontece.
Las pantallas siempre han sido nocivas en exceso y desbordantes cuando no hay una subjetividad que devuelva una mirada, una palabra, un gesto que humanice.
Sin embargo, en los encuentros virtuales con los pacientes, jugamos, y construimos un encuentro que permite al niño sentirse contenido y expresarse. En estos nuevos espacios nos encontramos con la incomodidad muchas veces “el cuarto desordenado, la mamá limpiando, la ropa tirada” en cierto modo nos permite conocer mas de cerca lo que los niños y niñas viven en la cotidianeidad.
Por momentos van hasta el living a preguntar algo, y quedamos a la espera, mirando una pared, otras veces consultan algo poniendo el celular en silencio, en cierto sentido ahora es el paciente (niño o niña) quien de alguna manera controla la sesión, decide cuando retirarse, volver, o finalizar, sin embargo, cuando se construye una transferencia positiva, ese espacio se vuelve único, e incluso se resisten a dar por finalizada la sesión.
Son tiempos diferentes, seguro, pero estar presente en la niñez es fundamental…
Por Natalia Pino Roldán
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