“La criadora de gatos”
LA CRIADORA DE GATOS
(*Autora: Hilce Liliana Díaz)
Maggy, ocupaba el fondo de un enorme terreno de la cuadra. No se conocía su apellido y quienes la conocían decían que había venido de algún país europeo porque al hablar era notoria su fonética dura, para muchos difícil de ser entendida. Oficiaba de enfermera para quienes necesitaban alguna atención domiciliaria porque no permitía que se entrara a su casa; un viejo caserón de madera al fondo del terreno y a punto de desmoronarse debido a su estado maltrecho. Casi un milagro de construcción que parecía tener vida propia.
Su única compañía era una legión de gatos, los cuales se encontraban desperdigados por toda la propiedad. Entre el misterio de la vida de Maggy y su dedicación a los felinos hubo sobradas anécdotas y leyendas urbanas. En realidad, su presencia deambulando por las calles los viernes que iba de compras al mercado, era un exabrupto para quienes se toparan con ella. Nunca iba sola, siempre con algunos de sus gatos. Toda una extrañeza para quien fuera testigo de su presencia casi siniestra. Era alta, gruesa, de ojos verdes y de una blancura increíble. Tenía una cabellera larga y rojiza entrecana, muy larga y rizada. La moda se había detenido para ella en algún tiempo porque vestía ropas lúgubres de alguna década pasada. Se tejían numerosas hipótesis sobre su vida. Pero hubo una conjetura que duró mientras ella estuvo con vida.
Durante una cena de amigos y durante la charla de sobremesa algunos comensales intercambiaron algunos datos. La fonética en el habla de Maggy, dijo alguien, era de origen inglés y muy cerrada. No había descendientes o inmigrantes de Irlanda en el pueblo. Y es que allí residía una de las mayores corrientes inmigratorias europeas desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Algunos domingos de mañana era frecuente encontrarse con ella y sus gatos en la plaza. Aprovechaba las horas tempranas para disfrutar de ese espacio sin la presencia de niños molestos o curiosos.
Quien daba algunos detalles sobre el posible origen de Maggy, era una vecina que hacía de detective para todo caso que respondiera a cualquier curiosidad. Lo que nos contó esa noche nos dejó sin palabras. Dijo que alguna vez pudo hablar con ella en la plaza. Y aunque su dicción no era muy clara porque alargaba palabras o prolongaba los silencios logró entablar alguna conversación. Esta pseudo detective era muy inquisidora, no sólo le llamaba la atención la personalidad de Maggy sino la historia con sus gatos. Esto le parecía muy enigmático.
Maggy dijo haber pertenecido a un convento cristiano en Irlanda y que decidió salir de allí luego de ser mayor de edad. Su familia la dejó siendo una adolescente y tras no tener más contacto con ellos, porque las monjas le escondían las correspondencias, debió quedarse allí sin opción. Logró escapar
a otras tierras para huir de aquella prisión y llegó a la Argentina. No dio más datos porque se sumergió en un largo silencio y su mirada quedó en el vacío.
¿Qué investigó después de ese encuentro su interlocutora? Qué efectivamente existió un convento irlandés, el de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad quienes administraban una lavandería conocida con el nombre de Magdalena. Allí trabajaron decenas de mujeres encerradas por sus familias ya sea por ser rebeldes, indeseables, inadaptadas, deshonradas (entiéndase solteras embarazadas o haber tenido relaciones fuera del matrimonio) escapar de un marido violento u otro riesgo moral que incomodara como tener planes de formar pareja con un protestante. En todos los casos, la palabra del cura, encubierto por funcionarios del gobierno local, era ley y eran destinadas a estas lavanderías. Las historias de confinamiento, abusos, degradación y opresión del espíritu humano fueron contadas por quienes lograron escapar de allí o familiares que decidieron romper el silencio.
Los comensales quedaron mudos y aunque quisieron opinar desconocían casos similares.
— Es que de este lado del mundo se desconocen las terribles historias de abusos y esclavitud hecha a la misma especie aprovechando la vulnerabilidad de las víctimas — dijo tragando saliva la investigadora.
Tras un largo silencio que fue interrumpido por otra ronda de buen vino, surgieron preguntas e hipótesis bastante alucinantes. Otra comensal comentó la extrañeza del comportamiento felino. ¿Por qué tantos? ¿Ellos eligen a sus amos o son elegidos?
— Otra historia es la historia de los gatos — continuó la comensal investigadora en alusión a las historias de los gatos de Maggy.
Una propiedad caracterizada por estar llena de felinos conviviendo con ella. Al parecer en buen estado porque ella les cocinaba a diario y ellos acampaban plácidamente en su patio, su galería y dentro de su casa. Ellos aparecen de la nada, aunque se conocía que eran víctimas del abandono de gente desalmada. No había mucho más que agregar sobre el origen de la vida de Maggy y sus gatos. Ellos siempre aparecían o se multiplicaban como por arte de magia.
— Ellos saben a quién acercarse —dijo alguien más y continuó — los gatos son criaturas intuitivas y místicas. Tienen capacidades que los humanos no tenemos y están a nuestro lado porque tienen alguna misión que cumplir en nuestras vidas.
Pero cuando ese tema pareció terminar. Alguien más decidió develar un secreto. Esta vez un ex funcionario del gobierno que trabajó como personal de inteligencia quien sorprendió al auditorio con un dato que no esperaban escuchar. Maggy, en realidad había huido de Irlanda, su país, y había pertenecido a la IRA, organización paramilitar y nacionalista que luchó durante décadas contra la ocupación británica con el deseo de lograr la soberanía irlandesa. Tras uno de los grandes enfrentamientos en que cayeron sus compañeros Maggy, cuyo nombre real era otro, pudo escapar hacia Argentina gracias al apoyo de la iglesia católica.
Los comensales no salían de su asombro ante tanta información para una sola noche. Realmente sabían menos de lo que imaginaban. Habían repetido una y otra vez tantas conjeturas sin conocer realmente la vida de Maggy.
—Y yo que creí que era una curandera o algo así —dijo alguien más.
— Ya basta — dijo otro y agregó —-brindemos por tanta imaginación.
…………………… FIN
*Hilce Liliana Díaz, nacida en Posadas pero radicada en Oberá desde hace más de treinta años. Docente jubilada con experiencia en todos los niveles educativos. Licenciada en Educación(Univ nacional de Quilmes). Especialista en LIJ (UNaM). Especialista en lectura, escritura y educación (FLACSO) Magister en escritura creativa (Universidad de Salamanca)Trabajó en equipos de capacitación del CGE. Escritora, autora del libro “Mas allá de la ventana” (Editorial Orsai, 2026). Actualmente coordina talleres de lectura y escritura. Coordinadora del Espacio de lectura y escritura “Leo, luego existo.” Miembro de la SADEM