Suspiros

Suspiros

Más escritores jóvenes siguen enviando sus textos:

“Soy Leandro Frank, integrante de la SadeM Joven. Tengo 20 años. Empecé a dar mis primeros pasos en la escritura  los 3 años mientras dictaba versos a mi mamá para regalárselos  mi familia. Cuando tenía 10 años e  incentivado por mi abuela Amanda publicamos “Poemas por Leandro Frank”. Después de un gran tiempo en inactividad, a los 18 años publiqué “(Anónimo)”. Y este 2020 (aunque debido a la cuarentena todavía no lo pude presentar) llegó (Suspiros). Actualmente estudio Licenciatura en Marketing en la UGD en Posadas.”
Quisiera compartirles algunos de los escritos de mi último libro (Suspiros). También como hace poco empecé a incursionar en Instagram subiendo videos de los mismos (@frank.libro) les comparto unos videopoemas.
Poema narciso…
Noche de rayos,
alquimia entre la soledad y la oscuridad para sedarme.
Los relámpagos saludan desde la ventana.
Que privilegio encontrarme conmigo
en la negra reflexión que hace de testaferro
entre mis sentimientos y la codicia del papel.
Soy tan pequeño y a la vez soy grande,
en este mundo de ideas que se traspapelan con recuerdos
y me hacen suspirar a cada gota de lluvia caída.
El temporal siniestro avanza borrando
las manchas frágiles de barro sobre el mundo
y me hacen desear ser una huella imborrable en el futuro.
Esta imagen me gusta tanto,
que debo resguardar su luz del círculo humano.
Todavía siento caras y cicatrices que
huyen al sol de la mirada general.
Estoy tan contaminado del mundo que solo puedo anestesiarme
usando ese retrato.
No es sencillo aceptar que es mi alma de quien hablo.
Si no existieran los momentos de reflexión y de nostalgia,
no existiría esa esencia que me permite ser el vago de las noches
sin luz en este penoso camino mundano.
Quizás mi destino sea abrazarme
con el dolor que es amigo en mi vida,
que me conversa cuando estoy en reposo.
Hoy es un día lindo, a la vez es triste.
Porque no salió el sol y desde hace tiempo
en mi vida está nublado.
Pero ciertamente, a veces me gusta que el tiempo no me acompañe.
 
 Sonrisa…
Sonrisa,
día cálido, filigrana de plata.
Obra musical de un alma enamorada,
abrazo disfrazado en el gesto de una cara.
Es tu sonrisa,
el espejismo del “te quiero” que guardo en mi alma,
la perfecta geometría decorada en el relieve de los labios que la
guardan.
Codicioso,
como el más grande tesoro y hambriento como un lobo sin manada,
sólo quiero verte en tu sonrisa
para sedar mis sentidos con la paz que ella derrama.
Ese cóctel geométrico acompañando al juego de miradas
se vuelve el fino licor que bebe la seducción que por dentro te encarna.
Te veo como un espejo,
porque en tus historias tengo mi reflejo,
un mapa sin destino, el comienzo del camino.
Una fuerza sin poder vive oculta en mis secos labios
que sin beber el agua de tu boca,
sueñan desesperada por el dulce sabor que en ellas aflora.
Es una ilusión sin caducidad que vive conmigo,
el deseo de ser feliz que deletrea tu nombre,
te quiere de abrigo.
Las notas de este piano que es mi vida
solo susurran que tu risa es la ilusión
que alimenta el insomnio por tenerte, algún día.
Soy
Soy el valiente de las ambiciones, pero el moribundo de la acción.
Soy el poeta del silencio, pero mutismo de la viva voz.
Soy el dolor de un corazón intacto que arde en deseos.
Soy ese que te busca, pero también soy ese que no desea encontrarte.
Soy una dulce psicodelia que me atraviesa cuando en mis recuerdos todas las mujeres del mundo
se resumen en ti y también soy el cinismo que me desborda cuando el regalo de una mirada puede
mutar mis recuerdos para la musa de turno.
El agua de lluvia que cae pronunciando las nostálgicas notas del temporal, ese soy.
Soy la reflexión de la sombría ausencia cuando mentirse ya no es suficiente y colapsa esa
abstinencia al recuerdo.
Soy la sonrisa de un niño cuando imagino aquel abrazo.
Soy el desierto más extenso cuando el agua son tus besos.
El segundo previo al abrir los ojos después de un sueño perfecto.
La esperanza de un futuro que parece haberse olvidado de mí.
Soy la impaciencia de una nochebuena y el desahogo en un tropiezo.
Soy el final de una obra inconclusa.
Soy yo. Soy feliz.

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