La escuela donde no alcanza solo estudiar: la convivencia que está rompiendo todo (y cómo podemos frenarlo)
Volvés al cole, tirás la mochila en la silla y pensás en materia, parciales y en quién te va a tocar de compañero. Pero hay algo que no aparece en los cuadernos y que igual define todo: cómo nos tratamos entre nosotros. Los números lo dicen sin vueltas: 6 de cada 10 alumnas y alumnos de 6° grado cuentan que fueron víctimas de alguna agresión en la escuela o en redes, y casi 4 de cada 10 se sintieron discriminados dentro del colegio. No es una anécdota, es parte del día a día.
Sí, la mayoría siente que la escuela es un lugar donde tiene amigas y amigos, y donde hay docentes que acompañan. Pero a la vez más de la mitad dijo haberse sentido excluido al menos una vez; el 40% se sintió incómodo o fuera de lugar y el 36% confesó haberse sentido solo. Eso choca: podemos amar la escuela y al mismo tiempo vivir situaciones que nos dejan mal.
La discriminación aparece por muchos motivos: el aspecto físico, gustos e intereses, y la orientación sexual o identidad de género están entre los más mencionados. Y no en todas las provincias la cosa es igual: en algunos lugares los porcentajes suben bastante. En las escuelas públicas la proporción de quienes dicen haber sufrido discriminación es mayor que en las privadas.
¿Y qué hacemos cuando pasa algo? Muchas veces la respuesta escolar sigue el camino clásico: docentes o directivos intervienen y después se informa a las familias con una nota o reunión. Es importante, sí, pero no alcanza: las causas suelen ser más profundas y piden cambios que vayan al fondo.
Lo bueno es que ya hay evidencia sobre qué funciona: armar actividades que fortalezcan los vínculos positivos, meter programas socioemocionales en la escuela, entrenar a los docentes en manejo emocional, fomentar actividad física con organización y enseñar habilidades para la vida desde las materias. Pero estas cosas todavía se usan poco.
¿Qué podés hacer vos ahora mismo?
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Si viste o viviste algo que no está bien, hablalo con alguien de confianza: un docente que te inspire o con la preceptora.
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Armá redes de apoyo con tus compañeras y compañeros: muchas veces romper el silencio es empezar a cambiar la dinámica.
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Promové actividades que sumen: talleres, deportes, proyectos colectivos. Lo que une, baja la agresión.
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Si sos parte del problema, pensalo: pedir perdón y cambiar de actitud también es parte del crecimiento.
La escuela no es solo el lugar donde se aprenden fórmulas y fechas. Es el sitio donde aprendemos a convivir. Si la convivencia mejora, los aprendizajes también. Y si empezamos a tratarnos mejor ahora, el clima escolar cambia para todos.