El 75% de los quemados en Misiones son niños: la cocina, el lugar más peligroso de la casa
En una época de pantallas, apuros y distracción permanente, muchas familias desconocen lo básico sobre primeros auxilios. Y cuando ocurre un accidente, esos segundos de desorientación pueden empeorar una lesión que ya de por sí deja huella física y emocional.
En Misiones, el dato es tan duro como urgente: 3 de cada 4 pacientes que ingresan por quemaduras son niños de entre 30 días y 5 años, casi siempre por accidentes domésticos en la cocina.
Hay tragedias que no hacen ruido hasta que ya es tarde. Las quemaduras infantiles son una de ellas. En Misiones, la estadística golpea con una crudeza que obliga a pensar más allá del hospital y a mirar dentro de cada casa: el 75% de los quemados que ingresan al sistema de salud son niños pequeños. La mayoría de los casos ocurre en escenas tan cotidianas como peligrosas: una olla con agua hirviendo, una hornalla encendida, una taza de café al borde de la mesa, una sartén con aceite caliente, un mantel que se tira sin querer. La cocina, ese espacio donde conviven el cuidado y la rutina, puede convertirse en segundos en el lugar más peligroso del hogar.
El dato no sólo impacta por su magnitud, sino por lo que revela: gran parte de estas lesiones podrían evitarse con prevención, atención adulta y conocimientos elementales de primeros auxilios. Sin embargo, en tiempos de distracción constante, apuro y sobrecarga de información, muchas personas no saben cómo actuar frente a una quemadura. Y ese desconocimiento, cuando se trata de un niño, puede agravar el daño.
La Unidad de Quemados del Hospital Provincial de Pediatría “Fernando Barreyro” funciona como centro referencial de la provincia y recibe también pacientes de Corrientes. Allí, un equipo interdisciplinario trabaja las 24 horas, los 7 días de la semana, con una lógica que combina asistencia médica, cirugía reconstructiva, curaciones especializadas, bañoterapia y educación para el alta. No se trata sólo de curar una lesión: se trata de acompañar a un niño y a su familia en un proceso largo, delicado y profundamente humano.
“Los niños que más se queman son los que tienen entre 30 días y 5 años. ¿Por qué? Porque son los lactantes que comienzan a deambular, a experimentar, a jugar en su casa”, explica la Lic. Viviana Talavera, supervisora del área de quemados. La observación es tan simple como contundente. En esta etapa de la vida, la curiosidad está en su punto más alto, pero todavía no existe conciencia del riesgo. Por eso la presencia activa de un adulto resulta decisiva. En la práctica, muchas de las lesiones se producen cuando el niño está al cuidado de un mayor que, por un instante, no advierte el peligro.
El doctor Gustavo Abrile, responsable del Servicio de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Parque de la Salud, advierte que la mayoría de los pacientes son menores de 6 años que estaban bajo supervisión adulta al momento del accidente. Y allí aparece una de las grandes deudas de este tiempo: saber qué hacer en los primeros minutos.
La recomendación ante una quemadura es clara y sencilla, pero muchas veces desconocida: aplicar sólo agua de la canilla sobre la zona afectada y acudir de inmediato a un centro de salud. No hay que improvisar remedios caseros ni aplicar productos que pueden irritar o contaminar la lesión. La respuesta rápida y adecuada puede hacer la diferencia entre una evolución favorable y una complicación mayor.
La Unidad de Quemados del Pediátrico trabaja con criterios precisos de internación. Ingresan pacientes con quemaduras profundas, en zonas especiales o con más del 10% de la superficie corporal comprometida. Cada niño es recibido junto a su cuidador primario —madre, padre o tutor— porque el abordaje no se limita al cuerpo: también incluye contención emocional, acompañamiento y educación para el alta. En ese proceso, enfermería cumple un rol central. El tratamiento no termina cuando el paciente abandona el hospital; continúa en el hogar, donde la familia debe sostener cuidados, higiene, controles y prevención.
Desde 2021, la unidad cuenta además con quirófano propio en el segundo piso del Pediátrico, lo que agiliza la atención y mejora la seguridad en la circulación de pacientes. Allí se resuelven quemaduras agudas, pero también secuelas y otras patologías que requieren cirugía reconstructiva.
En 2023, de 1900 cirugías realizadas por el Servicio de Cirugía Plástica en los tres hospitales del Parque de la Salud, 656 fueron pediátricas, una cifra que refleja la magnitud del trabajo que sostiene la red.
Uno de los avances más significativos de los últimos tiempos es la incorporación de membrana amniótica, derivada de placenta donada, como cobertura transitoria para grandes quemados. Se trata de una técnica que actúa como una piel biológica: protege la lesión, disminuye el dolor, reduce el riesgo de infección y favorece la epitelización. Gracias al aporte del banco de tejidos, se logró acortar tiempos de internación y evitar curaciones diarias traumáticas en pacientes pediátricos. El insumo se procesa bajo estrictos protocolos de bioseguridad y se utiliza especialmente en quemaduras de segundo grado profundo y en áreas extensas donde no hay suficiente piel sana para injertar.
El abordaje de las quemaduras en Misiones se apoya en una red provincial cada vez más integrada. La Unidad de Quemados del Pediátrico trabaja en sinergia con el Servicio de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital Madariaga, con sedes también en Eldorado y Oberá. Esa articulación permite que el tratamiento no dependa únicamente de la centralidad de Posadas, sino que empiece a acercarse a distintas zonas de la provincia.
La descentralización ya muestra resultados concretos. Eldorado cuenta con quirófano de quemados y realiza entre 7 y 8 cirugías diarias. Además, el objetivo es que los hospitales nivel 3 de Misiones —Iguazú, San Vicente, Eldorado, Oberá y Posadas— dispongan de cirujanos plásticos propios. La idea no es sólo atender mejor, sino garantizar igualdad de acceso: que una familia del interior tenga la misma calidad de atención que una del centro de la provincia.
En ese esquema, la Fundación Parque de la Salud cumple un papel articulador clave. Su tarea impulsa políticas públicas que fortalecen el sistema sanitario y descentralizan la atención, permitiendo respuestas más dinámicas y menos dependientes del traslado. También sostiene la formación del recurso humano: las residencias de cirugía plástica permiten que médicos formados en Posadas trabajen luego en otras ciudades de Misiones, ampliando la cobertura y mejorando la respuesta provincial.
La creación del Instituto Provincial del Quemado y Cirugía Plástica, impulsada en el ámbito del Parque de la Salud, consolidó esa lógica de integración. El propósito es coordinar la atención en un solo sistema, optimizar recursos y asegurar continuidad en el tratamiento. No se trata sólo de un engranaje hospitalario; es una decisión sanitaria que habla de presencia del Estado, de planificación y de cuidado real de la infancia.
Pero la reflexión más importante quizás no esté en el quirófano, sino en la cocina de cada casa. Si el 75% de los quemados son niños, la pregunta no debería limitarse a cómo actúa el hospital, sino a qué estamos haciendo los adultos para prevenir. ¿Sabemos dónde queda el agua caliente cuando un niño corre cerca? ¿Tenemos los mangos de las ollas hacia adentro? ¿Dejamos el termo, la pava o la plancha al alcance? ¿Sabemos primeros auxilios básicos o improvisamos cuando más importa la calma?
Un niño que se quema no sólo atraviesa un tratamiento médico. También carga una experiencia que puede dejar secuelas físicas y emocionales para toda la vida. Por eso el trabajo del equipo de quemados no termina en la cura de la herida. También educa, acompaña y repite una idea que debería volverse hábito: prevenir es mucho más importante que reaccionar.
La cocina puede ser un lugar de encuentro, de alimento y de hogar. Pero también puede ser el escenario de una emergencia si no se la piensa con cuidado. En una sociedad cada vez más distraída, recordar lo esencial también es una forma de cuidar.