Farmear aura llegó a las plazas y los adolescentes tienen algo para decir
Por Juan Stanisci
Arte de Francisco Moreno
Adaptación y enfoque editorial para Revista Prisma
Desde Revista Prisma, este medio de Misiones pensado para niños, niñas y adolescentes, nos encantó encontrarnos con esta nota de Revista Anfibia. Nos gusta cuando una mirada periodística se detiene a observar qué hacen las nuevas generaciones sin burlarse, sin subestimarlas y, sobre todo, con ganas de entenderlas.
Por eso, desde nuestro medio queremos aprovechar esta historia para invitarlos a sumarse a los Premios Nacionales que estamos organizando. Nos encanta que los adolescentes encuentren espacios para expresarse, crear, jugar, reunirse y mostrar quiénes son. Y sí: pueden hacerlo sin molestar a nadie, respetando a los demás y ocupando el espacio público de manera responsable. Ya les habíamos mostrado sobre el k-pop y los cosplayers, hace 7 años atrás cuando todavía no les daban tanto espacio, contando que no molestaban a nadie solo eran chicos jugando y divirtiéndose, creando y ahora ya son un grupo gigante en Misiones que siguen sumando adeptos.
Porque mientras algunos adultos todavía intentan descifrar qué significa eso de “farmear aura”, en distintas plazas argentinas los adolescentes ya lo convirtieron en una experiencia real.
De TikTok a las plazas
La historia que cuenta Juan Stanisci comienza en la Plaza Grigera, en Lomas de Zamora, donde una batalla de “farmear aura” reunió a cientos de personas alrededor de una cancha de básquet.
La propuesta había nacido, según cuentan sus organizadoras, casi como una broma. Tres adolescentes vieron que estas batallas empezaban a circular por las redes y tuvieron una idea sencilla: hacer una en su propia plaza.
La convocatoria creció, llegaron participantes de distintas edades y lo que parecía un juego entre amigos terminó convirtiéndose en un verdadero espectáculo.
¿El premio? Tampoco hacía falta demasiado. Un pancho para quien quedara primero, un chupetín para el segundo y un caramelo para el tercero. El verdadero premio parecía estar en otro lugar: animarse a pasar al frente, hacer algo diferente y lograr que la gente reaccionara.
Tener aura es tener presencia
Pero ¿qué significa realmente “farmear aura”?
En el lenguaje adolescente y de las redes, la expresión está relacionada con la presencia, la actitud, la originalidad y esa capacidad de llamar la atención sin necesidad de explicar demasiado.
Las propias organizadoras lo resumen de una manera muy simple: farmear aura es presencia y actitud.
Y eso cambia bastante la mirada. No se trata solamente de hacer un movimiento viral de TikTok. También hay una búsqueda de identidad. Cada participante intenta encontrar una manera propia de destacarse.
Uno de los jóvenes entrevistados por Stanisci, Iván Alejo Paz, conocido como Nae Plug, lo explica desde su experiencia: para él, farmear aura es demostrar cómo uno es y tratar de hacer algo original.
En otras palabras: no alcanza con copiar. Hay que ponerle algo propio.
Una plaza llena de códigos adolescentes
Lo más interesante de la crónica es observar cómo el lenguaje de las pantallas termina transformándose en un lenguaje colectivo.
Gestos, movimientos, referencias a TikTok, videojuegos, música, memes y personajes conocidos se mezclan en un mismo espacio. Quienes participan parecen entender códigos que para muchas personas adultas son completamente nuevos.
Y eso no necesariamente es algo malo.
Cada generación inventa sus propias palabras, sus propios códigos y sus propias formas de encontrarse. Hoy muchas de esas herramientas nacen en internet, pero eso no significa que todo tenga que quedarse detrás de una pantalla.
En Lomas de Zamora sucedió exactamente lo contrario: una tendencia digital terminó sacando a cientos de personas a una plaza.
También se aprende a divertirse con respeto
Hay otro aspecto de esta historia que desde Prisma queremos destacar especialmente.
En medio de las batallas aparecen reglas que marcan un límite: se puede competir, hacer reír, provocar una reacción y jugar con la exageración, pero no está bien atacar a otra persona.
Durante uno de los enfrentamientos, una de las organizadoras explica que habían elegido a un ganador y que algunos comentarios del público no correspondían porque se habían metido con su cuerpo.
Ahí aparece una enseñanza que vale mucho más que cualquier batalla:
el aura no opina sobre cuerpos ajenos.
Divertirse no necesita humillar a nadie. Ser original no implica agredir. Y llamar la atención tampoco significa pasar por encima de otra persona. (Aprendamos adultos!)
Cuando la plaza se convierte en escenario
A lo largo de la jornada aparecen chicos, chicas, adolescentes, adultos, familias y hasta una señora de 66 años que termina convirtiéndose en una de las protagonistas de la tarde.
Su nombre es Nora Quiroga.
Nora llegó a la plaza por una casualidad. Había ido a hacer una denuncia y terminó encontrándose con los jóvenes que estaban reunidos para farmear aura. Al principio miró desde afuera. Después aceptó entrar al juego.
Y cuando lo hizo, el público explotó.
Nora participó en más de una batalla, recibió aplausos, se convirtió en el centro de atención y terminó saltando junto a los adolescentes mientras todos coreaban “abuela”.
Lo que había empezado como una tarde cualquiera terminó generando un encuentro inesperado entre generaciones.
Y quizás ahí esté una de las cosas más lindas de toda esta historia.
El aura también puede ser colectiva
La presencia de Nora demuestra que el fenómeno no tiene por qué quedar limitado a quienes conocen todas las tendencias de TikTok.
Un adolescente puede entender un código que nació en internet. Una persona adulta puede animarse a probarlo. Un desconocido puede terminar participando. Una plaza puede convertirse en escenario y una broma puede transformarse en un recuerdo compartido.
Eso también es parte de la cultura adolescente actual.
No todo lo que nace en redes es aislamiento. A veces sucede lo contrario: las redes funcionan como punto de partida para encontrarse en el mundo real. Le dan espacio a una abuela. La incluyen (Más para aprender)
Y Nora tenía algo más para enseñar
Hay una última escena de la crónica que merece quedar en la memoria.
Después de participar, Nora cuenta que hoy se siente joven, que hace actividades, trabaja y disfruta de la vida. Los adolescentes la reconocen, se acercan a pedirle fotos y ella se convierte, por un rato, en la estrella de la plaza.
Y entonces aparece la reflexión final de Juan Stanisci, que conecta nuevamente a Nora con esa idea de aura que atraviesa toda la historia.
Walter Benjamin no conoció a Nora. Si la hubiera conocido, probablemente habría dicho lo mismo que el cronista: Nora tiene aura.
Y quizá esa sea la mejor manera de cerrar esta historia.
Porque tal vez farmear aura no tenga tanto que ver con acumular puntos, hacer el gesto correcto o convertirse en viral.
Tal vez tenga que ver con algo mucho más simple:
animarse a ser uno mismo, hacer algo que haga reír, encontrar a otros y dejar una huella en el momento.
DesdePrisma celebramos que los adolescentes encuentren estas formas de expresarse y que existan periodistas y medios dispuestos a mirarlas con curiosidad.
Por eso renovamos nuestra invitación a Anfibia a sumarse a nuestros Premios Nacionales.
Porque cuando los adolescentes se expresan, crean y se encuentran, también están construyendo cultura.
Y sí: eso tiene muchísimo aura.