Por-no en la adolescencia: por qué preocupa y qué hacer para no quedar expuestos desde chicos

Por-no en la adolescencia: por qué preocupa y qué hacer para no quedar expuestos desde chicos

La pornografía no es un problema nuevo. Lo que cambió todo fue Internet y, sobre todo, el celular: hoy el acceso es mucho más simple, rápido y sin límites. Y eso hace que chicos, chicas y adolescentes puedan llegar a estos contenidos desde edades muy tempranas, muchas veces sin herramientas para entender lo que están viendo.
Según datos de Unicef, en 2025 los niños y niñas acceden en promedio a dispositivos propios con Internet desde los 9 años. Ese dato importa porque la pornografía queda al alcance en una etapa en la que todavía no se desarrolló del todo un criterio sobre la sexualidad ni una madurez psicofísica suficiente para procesar ese contenido. A eso se suma otro problema: los sitios pornográficos tienen casi nulos controles de edad y, en muchos casos, hay muy poca supervisión adulta cuando chicos y chicas usan celulares y tablets.
El médico psiquiatra y especialista en adicciones Federico Pavlovsky advierte que el tema del porno todavía no ocupa el lugar que merece en la agenda pública. Y la directora de Chicos.net, Andrea Urbas, también remarca que la pornografía instala modelos y referentes que influyen en cómo se mira el cuerpo, el deseo y las relaciones.
El problema no es solo el acceso. También es el tipo de mensaje que transmite. La pornografía más consumida suele presentar una sexualidad pensada para el consumo comercial: cuerpos hegemónicos, escenas exageradas, estereotipos de género y vínculos desiguales. En muchos casos, además, aparecen prácticas riesgosas de imitar, ausencia de preservativos, violencia normalizada y falta de consentimiento explícito. Para quienes recién empiezan a descubrir su sexualidad, eso puede generar una visión distorsionada de lo que es una relación real.
Los datos que circulan en estudios sobre el tema son fuertes. Un informe de Save the Children España de 2020 señala que 7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía con frecuencia y que el 94% lo hace desde el celular. También indica que el 50% de los niños de entre 11 y 13 años dijo haber visto pornografía en Internet, mientras que el 75% de las familias cree que sus hijos nunca la consumieron. El mismo informe agrega que el 76% de los adolescentes consume principalmente “porno duro” o “hardcore”, y que más de la mitad toma esos contenidos como inspiración para sus propias experiencias. Incluso, el 30% considera que esos videos son su única fuente de información sobre sexualidad.
No se trata de alarmar por alarmar. Se trata de entender que el consumo puede traer riesgos concretos. Puede ofrecer una idea torcida de la sexualidad, alejándola del cuidado, el respeto y la reciprocidad. Puede afectar la comprensión del consentimiento. Puede naturalizar desigualdades y violencias. Puede influir en la percepción del propio cuerpo y en las expectativas sobre el desempeño sexual. Y también puede generar angustia, confusión o miedo, sobre todo cuando el consumo ocurre en soledad y sin acompañamiento adulto.
Por eso, el abordaje tiene que ser claro y sin vueltas. No alcanza con negar que pasa. Hace falta hablarlo. Hace falta crear momentos de conversación abiertos, sin juicio y sin vergüenza. Hace falta ofrecer información seria, educación sexual integral y herramientas para que adolescentes y familias puedan construir una mirada crítica.
En la casa, el acompañamiento es clave. El uso de dispositivos e Internet necesita estar sostenido por la familia, combinando herramientas de cuidado con diálogo real. Entre los 7 y 11 años pueden usarse aplicaciones de control parental, pero eso no reemplaza la charla. También ayuda acordar reglas de uso, como tiempos, tipos de contenido o plataformas, interesarse por lo que hacen online, habilitar preguntas sin juzgar y explicar por qué ciertos contenidos no son apropiados para la edad. Cuando hay confianza, es más probable que chicos y chicas puedan acudir a una persona adulta si algo los inquieta o los incomoda.
En la escuela, la herramienta más fuerte sigue siendo la Educación Sexual Integral. La ESI permite trabajar estos temas con información confiable y con una mirada que contradice a la industria pornográfica: el cuidado del cuerpo propio y ajeno, el consentimiento, la responsabilidad afectiva, la prevención de violencias, el embarazo adolescente, las infecciones de transmisión sexual y la construcción de vínculos igualitarios basados en el respeto.
Hablar de pornografía con adolescentes no es exagerar. Es llegar a tiempo.

(Fuente: Chicos Net- Comunidad aliada en Premios Prisma Nacionales 2025)

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