Marisa Segovia: la voz de una escritora sorda que transforma la experiencia en palabra y compromiso social

Marisa Segovia: la voz de una escritora sorda que transforma la experiencia en palabra y compromiso social

Desde Eldorado, Marisa Segovia construye un camino marcado por la militancia, la gestión institucional y la escritura como herramienta de encuentro. Con una fuerte trayectoria en espacios vinculados a la Comunidad Sorda, impulsó iniciativas educativas, culturales, laborales y de salud, siempre con una misma convicción: generar puentes desde el respeto, la empatía y el amor al prójimo. Hoy, además de su recorrido institucional, apuesta a la escritura como una forma de comunicar, sensibilizar y dejar huella.

—¿Cómo te presentarías ante quienes aún no conocen tu historia?

Soy Marisa Segovia, una mujer sorda de Eldorado, con una trayectoria de trabajo institucional y comunitario muy fuerte. Formé parte de la Confederación Argentina de Sordos, fui cofundadora del Centro de Estudiantes Sordos de la UBA, CABA y Argentina, trabajé como ayudante administrativa en la Confederación Argentina Deportiva de Sordos y también estuve a cargo del área de Investigación de la CAS, por elección de la Comunidad Sorda y asociaciones de sordos de la Argentina.

—Tu recorrido institucional es muy amplio. ¿Qué te impulsó a involucrarte tanto?

Me impulsó la necesidad de informar, orientar y acompañar. Siempre sentí que había mucho para hacer por la Comunidad Sorda y también por la sociedad en general. Yo decidí formar institución para guiar a través de la comunicación, para explicar el porqué de la reacción humana, y también para promover un corazón enorme lleno de valores.

—En tu trabajo aparece mucho la idea de los valores humanos. ¿Qué significado tienen para vos?

Son la base de todo. Mi frase es: “Amorcariño, respeto y compartir experiencias sanas en empatía”. Para mí, eso resume una forma de vivir y de construir vínculos. Creo en los talleres de amor, en el amor al prójimo y en la importancia de transmitir valores que unan a las personas, más allá de sus diferencias.

—Además de tu experiencia en instituciones, también impulsás una gestión propia. ¿De qué se trata?

Tengo una gestión institucional que lleva mi nombre, Marisa Segovia, y consiste en organizar charlas, encuentros y eventos culturales, educativos, laborales y de salud, entre otros. La idea es invitar a profesionales, tanto sordos como oyentes, y también articular con instituciones públicas y privadas. Todo eso sirve para abrir puertas y generar oportunidades reales.

—¿Qué importancia tuvo para vos ser parte de espacios como asambleas y organizaciones nacionales?

Fue muy importante porque me permitió aprender cómo se construyen decisiones colectivas y cómo se defiende una causa desde adentro. Conozco el funcionamiento de asambleas porque fui parte de la Confederación Argentina de Sordos y de la Confederación Argentina Deportiva de Sordos. También fui cofundadora y presidenta del Centro de Estudiantes Sordos, con el acompañamiento de Franja Morada y la FUA. Eso me dio herramientas para seguir trabajando con más fuerza.

—Y en ese camino aparece la escritura. ¿Qué representa para vos escribir?

Es una forma de expresarme, de contar lo que vivimos y de dejar un mensaje. Escribir me permite transformar experiencias en palabras y esas palabras en conciencia. Me anima mucho porque siento que la escritura también es una herramienta de inclusión, de sensibilidad y de memoria.

—¿Qué te gustaría que la sociedad comprenda sobre la comunidad sorda?

Que no se trata de limitaciones, sino de derechos, de acceso, de respeto y de oportunidades. La inclusión verdadera no es solo escuchar o mirar, sino comprender al otro, aprender a comunicarse y abrir espacios donde todos puedan participar.

—¿Cuál es tu mensaje para quienes atraviesan dificultades para hacerse escuchar?

Que no bajen los brazos. Siempre hay una manera de abrir camino. Con esfuerzo, compromiso y acompañamiento se pueden construir cosas grandes. Yo creo profundamente en la fuerza de la comunidad, en la empatía y en el valor de animarse a decir lo que uno siente y piensa.

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