“Sea un adulto significativo”

“Sea un adulto significativo”

Nos llega un nuevo texto desde el “Forum de infancias” de Misiones:

Sea un Adulto significativo.

El 10 de septiembre, desde el año 2003, fue la fecha estipulada por la OMS para hablar, visibilizar y difundir acciones que abonen a la prevención del suicidio. Éste fenómeno afecta a una gran cantidad de personas a nivel mundial, y los datos revelan que, por cada suicidio consumado, existen 20 intentos que no han culminado con la muerte. Si bien es algo que se presenta en un rango etario, la adolescencia es uno de los periodos más vulnerables por múltiples factores.

Ante este panorama, se intentan tomar acciones, determinar programas y diseñar políticas sanitarias para abordar esta problemática. Sin embargo: ¿Es todo lo que podemos hacer en cuanto miembros de esta comunidad? Aquí una propuesta: Sea un adulto significativo.

Muchas veces nos preguntamos: ¿Qué puedo hacer yo? Si solo soy un/a Maestro/a, un preceptor, un vecino, un padre o una madre, etc.

En muchas oportunidades, la determinación de intentar acabar con la propia vida no responde a un solo hecho puntual, ni es algo que se dé de manera súbita (en la mayoría de los casos) por lo tanto, muchas veces se logra prevenir el desenlace fatal interviniendo a tiempo, si uno logra identificar las señales de alarma que dan cuenta de que esto está sucediendo.

Como ya se ha dicho, los adolescentes se encuentran dentro de una población de riesgo. Pero, ¿Por qué? Podríamos responder, si se me permite la simplificación, que es por encontrarse en un periodo de sucesivas crisis y duelos vitales, por su identidad y rol de niño perdido, sin acceder inmediatamente al llamado “mundo de los adultos” y por su búsqueda de un lugar en el mundo, bajo la pregunta de ¿Quién soy yo para el mundo, para mis amigos, para mis padres, para mis profesores? Muchas veces, son atravesados además por situaciones que son ajenas a ellos mismos, a saber: Violencia, miseria, hambre, abusos de diversos tipos, consumos de sustancias, abandono, falta de figuras de cuidado (a veces, todas juntas) etc. Muchas de estas situaciones pueden llevar al adolescente a pensar en intentar quitarse la vida como alternativa a “descansar” de estas situaciones, a “dejar de sufrir”, a pensar que: “si me mato, sería mejor para todos, ya que yo no valgo nada”. Sin embargo, y aunque parezca difícil intervenir cuando uno ha perdido el rumbo y comienza a primar la desesperación por dejar de sentir lo que se siente ya que resulta inabordable, debemos entender que nunca es un proceso que se dé sin contradicciones, sin la búsqueda de una esperanza que haga que las cosas puedan cambiar ya que, al fin y al cabo, lo que se busca es terminar con el dolor que se siente, más no con la propia vida.

Quizás, si lográramos acompañar a estos adolescentes desde una mirada comprensiva y no juzgadora, los veríamos menos como “la generación perdida” y más como seres que se están constituyendo, y por lo tanto buscan reafirmar su identidad y su existencia muchas veces yendo en contra de lo que los adultos determinan como “buenas costumbres”, el “buen gusto estético”, etc.

Dicha situación, puede generar una brecha generacional difícil de soportar para los adultos, que muchas veces desean fervientemente que el adolescente díscolo devenga en adulto racional y responsable lo antes posible, lo que, en muchas situaciones, puede generar tensiones hostiles o agresivas en los adolescentes que pueden intensificarse si uno no interviene desde otro lugar.

Por otro lado, si uno puede despejar los prejuicios y expectativas sociales y personales con respecto a estos seres que parecen venidos de otro planeta (por su forma de vestir, de hablar, de relacionarse, etc.) es posible que se genere un encuentro fecundo y legítimo, en donde las palabras que uno puede decir (para bien o para mal) se incorporan e internalizan como su “voz interior” que calma y consuela en los momentos más oscuros. Es esta entonces, una posible alternativa para la prevención del suicidio que cada uno de nosotros puede intentar llevar adelante: Convertirse en un adulto significativo.  En la medida en la que alguien del “mundo adulto” los pueda reconocer “tal y como es” y no solo como “debería ser”, se habilita un lugar en donde las palabras amables y de aliento sirven como refugio antes las tormentas, e incluso luego de un intento de suicidio previo a ese “encuentro”. Sin en esos momentos, lo alojamos (contenemos) con palabras amables y haciéndole saber que no se encuentra solo, y que vamos a intentar ayudarlo y acompañarlo, es posible pensar en atravesar la situación; si luego de haber pasado por un intento de terminar con la propia vida, uno se encuentra con palabras que lastiman aún más, que culpabilizan (¿Cómo vas a hacer eso? ¿No pensaste en tu familia?) solo se logra aumentar la culpa y la afectación por lo vivido, y se genera un gran obstáculo para la recuperación del adolescente.

En resumen, decimos que el suicidio es un problema grave de la salud pública, ya que los números de muertes por mano propia, como así también los intentos que no culminan en la muerte, van en aumento año a año.

Ante esto, es imperioso que como adultos que componen y determinan lo “bueno y lo malo” dentro de la sociedad, podamos constituirnos como figuras que acompañen desde la diferencia y apoyen al adolescente en su transición, pudiendo establecerse como adultos significativos para ellos y cuyas palabras puedan servir de refugio ante las tormentas que podrían estar atravesando. Escuchándolos y reconociéndoles como tales, lograríamos disminuir el número de adolescentes que sienten que no hay nadie que pueda ayudarlos o que no hay lugar para ellos en este mundo.

 

Lic. Gonzalo J. Cánovas.

Lic. En Psicología MP 807

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