Infancias en alerta: Misiones no está ajena a un escenario que se vuelve cada vez más difícil
Estamos terminando un año difícil. Difícil para las familias, para las escuelas, para los barrios y, especialmente, para niñas, niños y adolescentes. En Misiones, como en el resto del país, el 2025 estuvo marcado por la incertidumbre económica, la pérdida de ingresos y el debilitamiento de políticas públicas que históricamente funcionaron como red de contención.
Y todo indica que 2026 no será más sencillo. Las decisiones tomadas en los últimos días de diciembre —tanto en el plano simbólico como en el concreto— permiten anticipar un escenario complejo para las infancias y adolescencias misioneras. Esta nota no busca profundizar la grieta política que atraviesa a la Argentina, sino poner en agenda una preocupación legítima: qué impacto real tendrán estas políticas en la vida cotidiana de chicos y chicas de nuestra provincia.
Un mensaje que baja desde Nación y llega a las provincias
El presidente Javier Milei cerró el año con dos gestos claros: el obsequio de un libro de matriz liberal–libertaria a sus funcionarios y la aprobación del Presupuesto Nacional 2026. Ambos hechos están profundamente conectados.
El libro promueve una visión centrada en el individuo, la meritocracia y la reducción del rol del Estado. Traducido a políticas públicas, ese enfoque se refleja en un presupuesto que prioriza el ajuste fiscal por sobre la inversión social. Y cuando eso ocurre, las provincias —y especialmente las más vulnerables— sienten el impacto de manera directa.
Misiones no es una excepción.
Infancia y adolescencia: sujetos de derechos, no de mercado
Desde una perspectiva de derechos, es fundamental recordar que niñas, niños y adolescentes no son individuos autosuficientes, sino sujetos de derechos en desarrollo. Así lo establece la Convención sobre los Derechos del Niño, que tiene jerarquía constitucional en la Argentina.
En una provincia como Misiones, donde muchos chicos y chicas dependen de políticas públicas para acceder a:
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alimentación escolar,
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controles de salud,
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acompañamiento educativo,
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programas de primera infancia,
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espacios comunitarios y culturales,
la retirada del Estado no se traduce en libertad, sino en mayor desigualdad.
Presupuesto 2026: ¿Qué significa para Misiones?
Aunque el Presupuesto 2026 mantiene partidas destinadas a niñez y adolescencia, el problema central es la pérdida de capacidad real de esas políticas. En términos concretos, esto puede implicar:
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Menos recursos nacionales para programas que se ejecutan en la provincia a través de escuelas, CAPS y dispositivos territoriales.
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Dificultades para sostener acciones de prevención en adolescencias (salud mental, consumos problemáticos, embarazo no intencional).
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Mayor presión sobre el sistema educativo y sanitario provincial, que debe cubrir vacíos que antes tenían acompañamiento nacional.
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Familias misioneras enfrentando solas situaciones que antes contaban con respaldo estatal.
En barrios de Posadas, en localidades del interior, en zonas rurales y comunidades más alejadas, el ajuste no es una estadística: se siente en la mesa, en la escuela y en el acceso a derechos básicos.
Adolescencias misioneras: libertad sin red es abandono
Para las y los adolescentes, el escenario es particularmente delicado. Menos políticas de cuidado y acompañamiento significan:
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más deserción escolar,
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más precarización laboral temprana,
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menos acceso a espacios de escucha y contención,
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mayor exposición a violencias y consumos.
Pensar que estas realidades se resuelven únicamente con “esfuerzo individual” es desconocer el contexto social y territorial en el que crecen miles de jóvenes misioneros.
No es grieta, es responsabilidad
Esta reflexión no parte del enfrentamiento político. Parte de una certeza compartida por quienes trabajan en educación, salud y territorio: cuando el Estado se retira, las infancias quedan más expuestas.
El libro que el Presidente eligió como guía ideológica y el Presupuesto 2026 aprobado en el Congreso marcan un rumbo. Y ese rumbo también impacta en Misiones, aunque a veces se intente presentar como un debate lejano o exclusivamente nacional.
Hablar de niñez y adolescencia no debería dividirnos. Debería unirnos en una pregunta común:
¿Qué futuro estamos garantizando hoy a los chicos y chicas de nuestra provincia?
Porque los derechos de la infancia no se ajustan, no se postergan y no se negocian. Se garantizan.