La Profesión docente tiene la tasa más alta de enfermedades

La Profesión docente tiene la tasa más alta de enfermedades

Como ya leíste en varias notas que te compartimos en Prisma, Tonucci nos habla de los aprendizajes ganados durante la cuarentena y de cómo hay que defender a los buenos maestros y renunciar al aula para convertir la escuela en talleres: es importante que en este tiempo de comunicación virtual, se aprovechen estos recursos para pedir opinión a los padres de familias y estudiantes. De esta manera se podrá aprovechar, no solo la información de contenidos, sino también consolidar el pensamiento crítico y la comprensión lectora. Esta es una sugerencia. En estos casos en los que hay consenso, respecto a qué se necesitan hacer modificaciones, que Tonucci propone enfocarse en 5 aspectos para planificar el regreso a la escuela, tras la experiencia de vivir en cuarentena:
1)     Que la escuela evalúe todo lo que los niños y niñas ganaron durante el aislamiento.
2)     Que la escuela genere espacios para que los estudiantes descubran su vocación y puedan desarrollar al máximo.
3)     Que creen distintos laboratorios y talleres dentro y fuera de la escuela.
4)     Crear un consejo asesor en cada escuela, desde nivel inicial hasta el secundario, en cada ciudad, del que participen los niños, las niñas y los adolescentes.
5)     Armar grupos con alumnos de distintas edades.
Pero no solo en Argentina estamos discutiendo cómo volver a las aulas, tras meses de cuarentena, en la gran mayoría de los países, los funcionarios buscan la mirada de especialistas, en educación y otras disciplinas para pensar a la escuela pospandemia.
En los últimos meses, Tonucci, que ya era un especialista muy respetado por los docentes, se convirtió en uno de los más consultados por los ministros de educación de Europa y Latinoamérica.
Aprendizajes ganados durante la cuarentena
“Sería gravísimo volver a la escuela pensando en recuperar lo que no han hecho los estudiantes”, subraya Tonucci. Y propone que la escuela evalúe lo que ganaron en estos meses de encierro sus estudiantes, lo que descubrieron dentro de sí mismo, los nuevos sentimientos y competencias.
Casi todos los niños en varias encuestas confían en que aprendieron algo nuevo y no son juegos, sino capacidades, competencias. Para Tonucci también es relevante observar que los estudiantes, en su mayoría se aburren en la escuela, no quieren ir, aprenden poco y se olvidan pronto y esto ocurre especialmente con los más vulnerables, los que salen de las condiciones socioeconómicas más bajas.
Eso significa que la escuela no consigue el objetivo más importante, aquel que nuestras constituciones democráticas le han confiado, que es el de darles a los y las estudiantes, herramientas para desarrollarse como ciudadanos.
Otro tema que impacta en la educación y que Tonucci destaca, es que la profesión docente es una de las profesiones con más alta tasa de enfermedades. Esto no tiene sentido. Si las personas que trabajan con niños se enferman, significa que viven mal lo que hacen y si lo viven mal ellos, es difícil que lo vivan bien alumnos y familias, puntualiza.
A esto el pedagogo suma los resultados de una encuesta que viene haciendo durante la cuarentena el equipo de investigación que lidera y trabaja en el Laboratorio internacional “La ciudad de los niños”. Con el relevamiento a niños, niñas y adolescentes de distintos países buscan saber cómo se sienten y qué necesitan. Así, se encontraron con que extrañan a los amigos, que les gusta estar más tiempo con los padres y que están hartos de tanta tarea, cansados y aburridos de seguir clases frente a una pantalla.
Son datos que deberían tenerse en cuenta al pensar una nueva escuela.
Descubrir las vocaciones y desarrollarlas
Tonucci también considera que es un buen momento para crear un nuevo pacto educativo entre la escuela y la familia. Y una base de partida, para él, es el artículo 29 de la convención de los DDHH del niño: “porque hablando de educación involucra a las dos instituciones educativas: escuela y familia. Y porque siendo un tratado internacional, después de las constituciones, es la ley con más alto nivel jurídico. Es decir, no podemos decir que hay una ley que nos impide hacer los que este artículo plantea”.
El artículo arranca así: “los estados partes convienen en que la educación del niño deberá estar encaminada a desarrollar la personalidad, las aptitudes y la capacidad mental y física del niño hasta el máximo de sus posibilidades…”.
A partir de esto, Tonucci interpreta que el objetivo de la escuela no es que los alumnos consigan los objetivos previstos en los programas escolares, en las leyes o en los libros de texto, sino que cada uno y cada una descubra su vocación, aquello por lo que nació, lo que el tratado llama “aptitudes”.
Y cuando cada uno descubre el suyo, “la familia y la escuela, tienen la obligación de ofrecerles los instrumentos adecuados para desarrollarlo hasta el máximo de las posibilidades”.
Consejos escolares, laboratorios y talleres
Teniendo en cuenta que la vuelta será manteniendo distancia social, que en el caso de la Argentina será de entre 1.50 y 2 metros, que no se podrá estar mucho tiempo en el mismo lugar y que los grados/años o comisiones serán divididos, es que Tonucci propone reinventar todos los espacios de la escuela y sumar espacio a la ciudad.
Para pensar esta propuesta, invita a observar que solo en la escuela una persona está sentada en el mismo lugar para ver casi todas las materias, entre 6 y 8 horas “nuestros colegios aprovechan menos de la mitad de sus espacios, permanecen largo tiempo en desuso: patios, pasillos, jardines, subsuelos, (laboratorios de ciencia), etc. Esto no puede seguir así. Hay que renunciar a las aulas y pensar una escuela de talleres y laboratorios distribuidos en distintos espacios”, sostiene.
Claro que en esta reinvención, detalla el especialista debe hacerse teniendo en cuenta cada ciudad, cada lugar. “A partir de ahí, lo primero que quisiera pensar es o que vamos a hacer cuando se abran las escuelas, no puede decidirla el ministro de educación o los responsables de los distintos estados, lo tiene que decidir cada ciudad y cada escuela”.
Para ello, considera que se deberían crear mesas de diálogo alrededor de las cuales se sienta el intendente con sus colaboradores, el director de la escuela con sus docentes, los padres y los niños.
“Todos ellos deben estar en la mesa para preguntarse qué hacemos y cómo lo hacemos. De allí deben salir las nuevas normas. No podemos pedir que los niños obedezcan si las normas vienen de arriba, porque lo primero que tratarán, será de transgredirlas. Niños y niñas deben estar en la mesa de decisiones y sentirse responsables y eso es posible porque ellos están sintiendo muy fuerte la responsabilidad en ese momento “expone.
En ese sentido, ciudades como Neuquén, Rosario en Santa Fé y Arroyito en Córdoba, entre otras (próximamente Misiones!) entre otras, ya trabajan con consejos asesores. Y forman parte de la red de ciudades de La ciudad de los niños.
Desde este laboratorio, también creen que la ciudad debe invitar a todas las fuerzas sociales, productivas, públicas y privadas de la ciudad, a dar un paso adelante y colaborar con la educación. Es decir, ofrecer a las escuelas propuestas educativas para que alumnos y alumnas puedan pasar un tiempo fuera de la escuela en grupos más pequeños, visitando una fábrica, una granja, una editorial. Incluso, ver si es posible, que los niños hagan un pan en una panadería.
“Deben ser propuestas sencillas pero muy sensibles, donde realicen actividades con sentido. Además, como otros se quedarán en la clase, cuando se encuentren, tendrá sentido contar qué vieron, qué hicieron, qué aprendieron. Ese es un reto, porque saber contar una experiencia es muy importante”, rescata Tonucci. Y advierte: “Lo que no tiene sentido es contarse las tareas del día anterior que casi todos han hecho más o menos lo mismo”.
Generar grupos de distintas edades y promover la autonomía
Al dividir las clases en distintos grupos, ser difícil contar con la cantidad de docentes que requería cuidar y controlar a todos los grupos. “No conozco estados que cuenten con recursos como para duplicar el número de maestros”, refuerza Tonucci.
Por eso, sostiene, que lo mejor es hacer grupos mezclando las edades (como en muchas escuelas rurales con pluriaños se hace) porque de esta manera se puede garantizar mejor el trabajo autónomo de los grupos.
Francesco hace mucho foco en la importancia de que niños, niñas y adolescentes ganen autonomía. “Sería muy bueno que aunque sea por un día pudieran ir solos y , en lo posible, caminando a la escuela. Sería muy bueno que puedan relacionar el final de esa cuarentena con el poder de salir solos”.
Eso sí, todo lo propuesto con anterioridad tiene sentido “si los niños están adentro, si son protagonistas. Para eso debemos respetar el artículo 12 de la convención, que dice que tienen derecho a expresar su opinión, cada vez que se tomen decisiones que los afectan. Esto significa que tenemos la obligación de consultarlos” reflexiona Tonucci.
Es por eso que propone que desde el nivel inicial en adelante, en cada escuela se creen consejos de los que participen niñas y niños, que se reúnan frecuentemente con la dirección de la escuela y que juntos evalúen qué están haciendo y cómo se puede mejorar.
Para implementar estas propuestas innovadoras, Tonucci, habla de la importancia de empoderar a los buenos maestros “que no son muchísimos y se los reconoce porque las familias los adoran, sus alumnos esperan con ansias que llegue el lunes y ellos no se enferman, no pierden un día de escuela.
Directores y funcionarios deberían apoyarlos, defenderlos, muchas veces, de los ataques de sus propios colegas”.
(Fuente: webdelmaestro)
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