Cuando el dolor pesa demasiado: adolescentes, salud mental y una señal de alerta
Se termina un año difícil. Para muchas familias, para las escuelas, para los barrios y, especialmente, para adolescentes que crecieron en medio de la incertidumbre, la presión y el cansancio emocional. En Argentina, y también en Misiones, los datos sobre suicidio adolescente en 2025 encendieron una alarma que ya no se puede ignorar.
Hablar de este tema no es sencillo, pero es necesario. No para asustar ni para señalar culpables, sino para entender qué nos está pasando como sociedad y cómo podemos cuidarnos mejor.
Un problema que no es individual
Especialistas en psicología coinciden en algo clave: el suicidio no es solo una cuestión individual. No ocurre “de la nada” ni porque alguien sea débil. Es, muchas veces, el resultado de un dolor que no encuentra palabras ni espacios donde ser escuchado.
La psicóloga y psicopedagoga Gabriela Dueñas explica que el ser humano necesita redes para sostenerse: la familia, la escuela, los amigos, la comunidad y el Estado. Cuando esas redes se rompen o se debilitan, la persona queda sola frente a su angustia. Y cuando el mensaje social es “arreglate solo” o “si no podés, es tu culpa”, el sufrimiento se vuelve todavía más pesado.
La presión de “tener que poder”
Muchos adolescentes sienten hoy que tienen que rendir todo el tiempo: en la escuela, en las redes, en la vida. La idea de que hay que ser exitoso, fuerte, productivo y feliz choca con una realidad donde no siempre hay oportunidades, contención o certezas.
Especialistas advierten que esta presión constante genera ansiedad, frustración y una sensación de fracaso que no siempre se dice en voz alta. A veces se guarda, se esconde, y duele en silencio.
Misiones también siente este impacto
En Misiones, los datos oficiales muestran que la mayoría de los intentos de suicidio se dan en jóvenes de entre 10 y 29 años, con un fuerte impacto en la franja adolescente. Posadas, Oberá, Eldorado, Iguazú, Alem y otras localidades registran situaciones que preocupan a equipos de salud, docentes y familias.
Quienes trabajan en hospitales, CAPS y escuelas coinciden en algo: cada vez más chicos y chicas piden ayuda, aunque muchas veces no lo hacen con palabras, sino con cambios de ánimo, aislamiento, enojo o tristeza profunda.
Sonia Almada: “Los adolescentes no quieren morir, quieren dejar de sufrir”
La psicóloga Sonia Almada, referente nacional en salud mental e infancias, aporta una mirada clara y humana: los adolescentes no buscan morir, buscan que el dolor termine.
Almada señala que cuando una sociedad no escucha, no acompaña y no cuida, los más jóvenes quedan sin adultos disponibles que los ayuden a poner en palabras lo que les pasa. Por eso insiste en que la salud mental no es un problema privado, sino una responsabilidad colectiva.
Un mensaje para quienes están leyendo esto
Si sos adolescente y llegaste hasta acá, hay algo importante que tenés que saber:
No estás solo ni sola.
Lo que sentís importa, incluso cuando no sabés cómo explicarlo.
Pedir ayuda no es un fracaso, es una forma de cuidarte.
Este año fue duro, y eso no es culpa tuya. A veces el mundo pesa más de lo que uno puede cargar. Pero siempre hay alguien que puede escuchar, aunque todavía no lo hayas encontrado.
Se acercan las fiestas y el final de un año intenso. No todo se resuelve de un día para el otro, pero hablar, compartir y no quedarse solo con el dolor puede cambiar mucho.
La esperanza no es negar lo que duele. La esperanza es saber que:
- hay personas que se preocupan,
- hay profesionales que quieren ayudar,
- hay futuros posibles, aunque hoy no se vean claros.
Si este texto sirve para que alguien hable, pida ayuda o acompañe a un amigo o amiga, entonces vale la pena.
Cuidarnos también es una forma de resistir. Y la vida, incluso en los momentos más difíciles, sigue teniendo valor.
Si necesitás ayuda, hablá con un adulto de confianza, un docente, un profesional de la salud o acercate a un centro de salud de tu localidad. Pedir ayuda a tiempo puede salvar una vida. Te queremos. Te necesitamos.