Insomnio

Insomnio

Continuamos difundiento a jóvenes escritorxs de Misiones, miembros de SADEM Joven. Hoy Elijah Mourelos, desde San Ignacio Misiones.

Insomnio
Tomo una taza de café caliente, con un poco de espuma como me gusta, acompañándolas con unas medialunas que me habían quedado del día anterior, la noche fue algo agotadora, presenté problemas para poder dormir, no dejé de sentirme observado en todas esas horas, me sentía inquietado, probé todas las posiciones posibles para poder lograrlo, llegué a probar remedios caseros para el insomnio en internet, nada hacía que pudiera lograr el sueño.
Esto es algo que me va pasando hace varios días, podría jurar que lo intenté todo, primero probé lo de la taza de leche caliente, según sé tiene alguna cosa rara cuyo nombre no recuerdo que es especial para combatir el no-sueño. Nada.
Luego de llevarme la desilusión de que no funcionara, me vi obligado a ver más tratamientos, tazas de té, meditación, musicoterapia, lavanda, ejercicios, dar vueltas en la cama, cambiarme de la cama al sofá, contar ovejas, nada servía, sólo eran cosas que me hacían pasar el tiempo.
 Ya me haría tiempo para poder visitar a un médico y que me recete alguna pastilla o algo así, ya sentía que estaba quedando al borde de la locura.
Tras terminar de desayunar, caminé hacia la calle para  poder tomar un remis hacia mi lugar de trabajo.
Cargaba con unas ojeras marcadas en negro que resaltaban sobre mi rostro, la cara de cansancio no la podía disimular.
En el trabajo destacaban las veces que me levantaba a cargar nuevamente mi taza de café, ya que sin eso, era más que probable que me quedase dormido sobre el escritorio.
Mi día empezaba a parecer más largo de lo normal, no veía la hora de poder volver a mi casa y, nuevamente intentar descansar.
Finalmente pasó el tiempo, ese mismo que hace unas horas atrás parecía que iba a ser totalmente infinito, al ser el final de un día laboral un viernes, me sentía libre como un ave.
Decidí caminar hasta mi casa para poder despejarme un poco, viendo los niños correr por las plazas, las palomas que volaban espantadas luego de que un niño se acercara a ellas, el sol brillante de la tarde, mis auriculares que se mantenían fijos en mis orejas, con esa música de melodía tan dulce que emborracha como el alcohol, el calor hacía notar su presencia sobre la frente transpirada de la gente que caminaba apresurada para llegar a quién sabe dónde.
Luego de un poco más de media hora, donde me la pasé observando a la gente y pillando ofertas sobre las vidrieras, llegué a mi hogar, busqué las llaves en el bolsillo interno de la chaqueta de mi traje, que se encontraba reposando en mi brazo, ya que me la había sacado momentos antes para poder andar más fresquito.
Giré el instrumento para abrir las cerraduras, al adentrarme en la habitación principal noté un aire frío, se me hacía demasiado extraño, porque, como mencioné antes, el clima agobiante me estaba asfixiando.
Entre la oscuridad que me abrazaba, intenté buscar el interruptor para poder prender la luz, mi sorpresa en ese momento fue que cuando me estiré para tocarlo, otra mano, ajena a la mía se encontraba reposando en ese lugar…
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