Silvia Torres Carbonell: “La educación es la columna vertebral de una persona y de una sociedad”

Silvia Torres Carbonell: “La educación es la columna vertebral de una persona y de una sociedad”

De jugar a la maestra con sus muñecas a impulsar una fundación que acompaña a cientos de escuelas rurales de la Argentina, Silvia Torres Carbonell convirtió su vocación por emprender en un compromiso con la educación y la igualdad de oportunidades. Contadora pública, empresaria y referente del ecosistema emprendedor, hace más de dos décadas fundó, junto con su familia, la Fundación Ruta 40, una organización que trabaja para fortalecer las escuelas rurales ubicadas a lo largo de la emblemática ruta nacional argentina. En esta entrevista exclusiva con Prisma, recuerda su infancia, repasa su recorrido profesional y cuenta cómo una experiencia durante un viaje familiar se transformó en un proyecto que continúa creciendo gracias al compromiso de voluntarios, donantes y empresas. También comparte las necesidades de la Fundación y un mensaje para las nuevas generaciones: nunca dejar de soñar, estudiar y perseguir aquello en lo que creen.

De la infancia a una vida dedicada a emprender

1. Contanos sobre vos. ¿A qué jugabas cuando eras chica? ¿Qué leías? ¿Cómo eran la escuela y el barrio en el que creciste?

Cuando era chica, me encantaba jugar a la maestra. Volvía del colegio, sentaba a mis muñecas y les enseñaba lo que había aprendido durante el día. Mis padres me habían regalado un pizarrón, así que esa era una de las actividades que más disfrutaba.

También me gustaba leer revistas y recuerdo especialmente a La Pequeña Lulú.

Fui a un colegio irlandés en Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Me quedaba un poco lejos, así que el ómnibus pasaba a buscarme a las seis y veinte de la mañana. ¡Es un horario que todavía recuerdo perfectamente!

2. Contanos sobre tu trayectoria profesional. ¿A qué te dedicás y cómo fuiste construyendo tu camino?

Mi vida profesional tuvo tres grandes etapas.

La primera comenzó con mi formación como Contadora Pública. Durante muchos años trabajé en empresas, corporaciones y consultoras de distintos rubros, una experiencia que me permitió conocer diferentes sectores y formas de gestionar organizaciones.

Después, junto con un profesor de la facultad que me invitó a sumarme a un proyecto, me convertí en socia, presidenta y directora general de una empresa pionera en la comercialización de agua mineral en botellones y dispensers de agua fría y caliente en la Argentina. Llegué a tener 250 personas a cargo.

Atravesamos momentos muy difíciles, como la hiperinflación, pero fue una experiencia increíble. Nos asociamos con el Grupo Danone y, finalmente, en 1998 vendimos la compañía.

Ese mismo año comenzó la tercera etapa de mi vida profesional, cuando ingresé al IAE Business School, de la Universidad Austral. Allí descubrí una gran pasión: contribuir a construir un ecosistema emprendedor en la Argentina, apoyando a quienes buscan innovar, crear empresas y desarrollar nuevas iniciativas capaces de generar valor.

A lo largo de estos 28 años, impulsé la creación del primer Centro de Emprendedores del IAE, el Club de Ángeles Inversores y la competencia NAVES, que se extendió a distintas regiones del país.

También desarrollé actividades académicas e institucionales y participé en numerosas iniciativas destinadas a promover la creación y recreación de empresas, el espíritu emprendedor y el compromiso ciudadano.

Fundación Ruta 40: un viaje que se convirtió en compromiso

3. ¿Cómo surgió la idea de crear la Fundación Ruta 40? ¿Cómo está conformada hoy y qué significa trabajar para las infancias y junto a ellas?

La Fundación Ruta 40 nació hace 21 años, a partir de una experiencia familiar. Durante las vacaciones, solíamos recorrer la Ruta Nacional 40 y yo siempre llevaba algunos libros y lápices para entregar en las escuelas rurales. Quería que mis hijos pudieran conocer otras realidades de nuestro país.

En uno de esos viajes, en La Poma, Salta, estábamos comiendo en un comedor, prácticamente el único que había en el lugar. Su dueño también era presidente de la cooperadora de la única escuela de la localidad y nos contó que necesitaban mucho más que libros y lápices.

Cuando regresamos, decidimos crear la Fundación Ruta 40 para dar una respuesta más sostenida a esas necesidades.

La elección del nombre tiene un significado muy especial para nosotros: la Ruta 40 es la columna vertebral de la Argentina, y la educación es la columna vertebral de una persona. A partir de esa idea, nos propusimos acompañar al menos una escuela en cada una de las provincias atravesadas por esta ruta.

Hoy trabajamos directamente con 76 escuelas rurales y, a través de donaciones y programas de formación en línea, llegamos de manera indirecta a unas 300 escuelas. El equipo de la Fundación es pequeño, pero tiene una enorme pasión y potencia, y se complementa con voluntarios, colaboradores, donantes y empresas comprometidas con la causa.

Trabajar para las infancias y junto a ellas es una de las experiencias más gratificantes que existen. Uno siente que está ayudando a que esos chicos tengan acceso a las mismas oportunidades que pueden tener otros niños, incluso cuando viven en las grandes ciudades.

Siempre digo que la distancia física o geográfica no debe convertirse en una distancia para el desarrollo de esos chicos.

Educación, salud, tecnología y acompañamiento

4. ¿Qué actividades realiza la Fundación? ¿Qué necesitan hoy para continuar creciendo y ayudando a las escuelas rurales?

Desarrollamos actividades en distintas dimensiones, porque entendemos que la educación de calidad necesita un abordaje integral.

Trabajamos en innovación educativa y promoción de la alfabetización, pero también acompañamos iniciativas relacionadas con la salud. Nos importa que los chicos puedan acceder a controles de la vista, la audición y la salud bucodental, porque estas cuestiones también influyen en sus posibilidades de aprender.

Además, impulsamos acciones vinculadas con la tecnología y la conectividad para que las escuelas rurales más alejadas puedan acceder a mejores herramientas y recursos. También trabajamos en infraestructura y equipamiento.

Hay otra dimensión que considero fundamental: el acompañamiento emocional de los chicos y sus familias. Muchas veces, las comunidades rurales se encuentran muy aisladas y necesitan redes de apoyo. Durante la pandemia, esa realidad se hizo especialmente evidente.

Ahora estamos comenzando una nueva etapa, con el deseo de seguir creciendo y acompañando a más escuelas durante los próximos años.

Para lograrlo necesitamos personas que se comprometan con esta causa. Aunque nuestro equipo es pequeño, contamos con voluntarios y colaboradores que nos ayudan a llevar adelante los programas. Sin embargo, necesitamos especialmente a personas dispuestas a realizar aportes solidarios y filantrópicos que nos permitan sostener y ampliar el trabajo.

Contamos con donantes individuales y empresas con las que desarrollamos distintos programas. También organizamos un gran evento solidario anual, que nos permite reunir a la comunidad y conseguir recursos para continuar.

Este año, el encuentro se realizará el 18 de noviembre, a las 19, en Verne Buenavista, René Favaloro 2555, San Fernando. Invitamos a sumarse a personas, empresas y emprendedores, ya sea participando del evento o acompañando mediante distintas modalidades de colaboración.

La idea es celebrar juntos una convicción que nos moviliza: la educación es la base de la prosperidad.

Una imagen que queda para siempre

5. ¿Hay alguna anécdota de tu trabajo con las escuelas rurales que quieras compartir con los lectores de Prisma?

Tengo muchas anécdotas. Algo que siempre me emociona es ver las caritas de los chicos cuando llegamos a una escuela, sentir el cariño con el que nos reciben y escuchar el agradecimiento de sus docentes.

Recuerdo especialmente una visita a una escuelita en la que se estaba celebrando el Día del Maestro. Los chicos se pusieron a dibujar y, al terminar, nos entregaron sus dibujos con un mensaje que decía: «Gracias por ayudarnos a aprender».

Esos momentos son muy significativos. Nos recuerdan que, detrás de cada programa, cada donación y cada esfuerzo, hay chicos que necesitan oportunidades y docentes que trabajan todos los días para acompañarlos.

Esos gestos de agradecimiento nos dan mucha fuerza para seguir adelante.

Un mensaje para los chicos y chicas

6. ¿Qué mensaje les dejarías a los chicos que viven en esas comunidades y a quienes tienen sueños que quieren cumplir?

Les diría que nunca dejen de soñar, que nunca dejen de estudiar, que nunca dejen de formarse y que nunca dejen de hacer.

Es importante que crean en sus capacidades y que sepan que el esfuerzo y la perseverancia tienen valor. Desde la Fundación Ruta 40 vamos a seguir estando cerca para acompañarlos y ayudarlos a construir su futuro.

Queremos que sepan que su lugar de nacimiento o la distancia a la que viven no deben limitar sus oportunidades. Todos los chicos merecen la posibilidad de aprender, crecer y desarrollar sus talentos.

Desde Prisma, agradecemos a Silvia Torres Carbonell por compartir su historia y por la tarea que lleva adelante junto con la Fundación Ruta 40. Su recorrido demuestra cómo una experiencia personal puede convertirse en un compromiso colectivo capaz de generar oportunidades para cientos de comunidades. Celebramos su dedicación a la educación rural y a la construcción de un futuro con más posibilidades para todos los chicos y chicas de nuestro país. Por eso nos sumamos como comunidad aliada en esta campaña.

Te dejamos el Link para que te sumes a colaborar con donaciones, como sponsor por esta hermosa causa.

https://linktr.ee/fundacionruta40

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