Hablar de embarazo no intencional en la adolescencia no debería dar vergüenza ni miedo

Hablar de embarazo no intencional en la adolescencia no debería dar vergüenza ni miedo

Cuidarse también es tener información para decidir

Hablar de embarazo no intencional en la adolescencia no debería dar vergüenza ni convertirse en una charla llena de miedo. Se trata de algo mucho más concreto: tener información clara, saber qué opciones existen, poder hacer preguntas y contar con espacios de salud donde adolescentes puedan consultar y recibir acompañamiento.

Hace unos días, en el marco del Día Mundial de Prevención del Embarazo no Planificado en Adolescentes, desde los Centros de Atención Primaria de la Salud de Posadas volvieron a destacar la importancia de acercar información y métodos anticonceptivos a adolescentes y sus familias.

La licenciada en Trabajo Social María del Carmen Giménez, del CAPS Latinoamérica, explicó que en estos centros funcionan consejerías de salud sexual y reproductiva, donde adolescentes, parejas y familias pueden consultar, recibir información y encontrar acompañamiento de los equipos de salud.

Y hay un dato que vale la pena conocer: en el sistema público existen distintos métodos anticonceptivos de acceso gratuito, entre ellos preservativos, pastillas, anticonceptivos inyectables e implantes subdérmicos. La elección del método no debería hacerse a partir de lo que dice un amigo, una red social o un video que apareció de casualidad, sino con información confiable y, cuando corresponde, con orientación de profesionales.

No se trata solamente de evitar un embarazo

La prevención también significa cuidar la salud sexual. Por eso, desde los equipos de salud se destacó la importancia de la llamada doble protección, que combina un método anticonceptivo para prevenir un embarazo con el uso del preservativo, que además ayuda a prevenir infecciones de transmisión sexual.

La idea no es complicar las decisiones, sino entender qué protege cada método y poder elegir con información.

Y acá también aparece algo que muchas veces queda fuera de la conversación: los varones también tienen que formar parte de la prevención.

Giménez remarcó justamente la necesidad de involucrarlos en el acceso a la información y en las decisiones vinculadas con el cuidado sexual y reproductivo, porque prevenir un embarazo no intencional no es una responsabilidad que deba caer solamente sobre las chicas.

Preguntar no debería dar vergüenza

Una de las cosas más importantes de las consejerías de salud sexual es que existen justamente para hacer preguntas. ¿Qué método existe? ¿Cuál puede ser adecuado para cada situación? ¿Dónde se consigue? ¿Qué pasa si se olvidó una dosis? ¿Dónde consultar ante una duda? Esas preguntas tienen un lugar: los equipos de salud.

En Argentina, adolescentes tienen derecho a recibir información y atención en salud sexual y reproductiva, y los servicios deben respetar la privacidad y la confidencialidad de las consultas, con las excepciones previstas por la normativa. También existe el derecho a acceder a métodos anticonceptivos.

Por eso, quedarse con una duda por vergüenza puede ser mucho más complicado que animarse a preguntar.

¿Y si ya existe un embarazo?

También en ese caso la recomendación es consultar.

Desde el CAPS pueden orientar desde el primer contacto, realizar un test de embarazo cuando sea necesario y articular la atención con profesionales de otras áreas.

Los tests de embarazo también están disponibles en centros de salud y hospitales públicos, y ante un resultado positivo el sistema de salud debe brindar información y acompañamiento.

Lo importante es saber que pedir ayuda no significa recibir un reto. Significa encontrar un espacio donde una persona pueda recibir información y atención.

La familia también puede acompañar sin convertir la charla en un interrogatorio

Hablar de sexualidad en casa puede resultar incómodo para todos, pero eso no significa que haya que evitar el tema.

Las familias pueden acompañar, escuchar y ayudar a buscar información confiable, mientras que los profesionales de salud pueden responder las preguntas específicas y orientar sobre los métodos disponibles.

La prevención funciona mejor cuando adolescentes, familias, escuelas y equipos de salud pueden hablar del tema sin prejuicios y con información clara.

La escuela también tiene algo para decir

Una escuela no tiene que convertirse en un consultorio, pero sí puede ser un lugar donde exista información confiable y donde un adolescente sepa a quién recurrir cuando tiene una duda. La educación sexual integral incluye contenidos vinculados con la salud sexual y reproductiva, los métodos anticonceptivos, los derechos y el acceso a los servicios de salud. Eso significa que hablar de prevención no debería aparecer solamente cuando surge un problema.

También significa anticiparse.

Información para decidir, no para asustar

Desde Posadas señalaron que los embarazos en adolescentes habían disminuido con la incorporación de métodos anticonceptivos de larga duración, aunque remarcaron que el trabajo de prevención debía continuar y que también era necesario promover un uso adecuado de los diferentes métodos. Y quizás ahí esté el mensaje más importante:

nadie debería tomar decisiones sobre su salud sexual con información a medias.

Tener información, poder consultar, conocer los métodos disponibles y acceder a atención son herramientas para tomar decisiones responsables. Porque cuidarse no es tener todas las respuestas de memoria.

Cuidarse también es saber dónde preguntar cuando aparece una duda.

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