No tenés que poder con todo: hablá
Hay días en los que algo pesa más de la cuenta. Puede ser un problema en casa, una pelea, una pérdida, sentirse solo, atravesar una situación de violencia, no encontrarle la vuelta a algo o simplemente no saber cómo explicar lo que pasa.
Y ahí aparece algo que parece simple, pero no siempre lo es: hablar.
Hablar con un amigo. Con una mamá, un papá o alguien de confianza. Con un docente, un preceptor, un familiar o un profesional. Decir “no estoy bien” también es una forma de cuidarse.
Durante todo el mes, el Servicio de Salud Mental del Hospital Escuela de Agudos Dr. Ramón Madariaga volvió a poner este tema sobre la mesa durante el Septiembre Amarillo, el mes en el que se desarrollan acciones de concientización y prevención del suicidio.
El dato que encendió la conversación fue contundente: en el último año, la Guardia de Emergencias del Madariaga registró 539 consultas relacionadas con situaciones de riesgo vinculadas con la salud mental. Según explicó el equipo, una parte importante de esa demanda correspondió a adolescentes y jóvenes, aunque la problemática atraviesa distintas edades.
Y detrás de ese número no hay una estadística fría. Hay personas.
Por eso la pregunta no es solamente cuántas consultas hubo, sino qué podemos hacer antes de que alguien llegue a una situación de crisis.
Septiembre se pinta de amarillo, pero la prevención no termina en septiembre
El amarillo se utiliza como símbolo de vida, acompañamiento y esperanza en las campañas de prevención.
La licenciada Micaela Schmid, del Servicio de Salud Mental del Madariaga, explicó que poner en palabras lo que una persona está atravesando y generar espacios de diálogo puede convertirse en una herramienta concreta de cuidado. Y esto importa especialmente en la adolescencia.
Porque no siempre es fácil decir que algo está pasando. A veces cuesta encontrar las palabras. O aparece el miedo a que no nos entiendan, a que nos juzguen o a que alguien responda con un “ya se te va a pasar”. Por eso escuchar de verdad importa.
No hace falta tener una respuesta perfecta. A veces alcanza con quedarse, prestar atención y ayudar a buscar a alguien que pueda acompañar mejor.
No es solamente un tema de médicos
Acá está uno de los mensajes más importantes de esta jornada: la prevención también sucede fuera del hospital. La familia tiene un papel. La escuela tiene un papel.
Los docentes tienen un papel. Los compañeros y amigos también pueden convertirse en ese primer vínculo que ayude a una persona a no quedarse sola con lo que está atravesando.
La Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia señala justamente que la prevención en adolescentes necesita fortalecer los vínculos sociales y comunitarios y brindar herramientas a las personas adultas para convertirse en referentes de confianza.
Eso no significa que un amigo tenga que convertirse en psicólogo ni que un docente tenga que resolver una situación de salud mental.
Significa algo mucho más posible: escuchar, tomar en serio lo que la otra persona cuenta y ayudarla a acercarse a quienes pueden intervenir profesionalmente.
Cuando algo cambia, vale la pena prestar atención
No existe una única señal que permita saber que alguien está atravesando una situación de riesgo.
Pero sí pueden aparecer cambios que llamen la atención: aislamiento repentino, pérdida de interés por actividades habituales, cambios marcados en el comportamiento o en el estado de ánimo, o referencias reiteradas a la muerte o a hacerse daño.
Lo importante no es jugar a diagnosticar.
Es no mirar para otro lado.
Preguntar cómo está alguien no empeora una situación. Por el contrario, las recomendaciones oficiales de prevención promueven hablar, escuchar con calma, mostrar interés y acompañar la búsqueda de ayuda.
“No estás solo” no debería ser solamente una frase
La licenciada Romina Boretto explicó que el suicidio es un fenómeno complejo y que detrás de una crisis pueden interactuar diferentes factores personales, familiares y sociales.
Por eso no sirve buscar una sola explicación ni señalar culpables.
Tampoco sirve pensar que alguien debería “ponerle ganas” y listo.
Cuando una persona atraviesa un sufrimiento que siente difícil de sostener, necesita ser escuchada y acompañada.
Boretto remarcó que esa prevención no ocurre solamente dentro de un consultorio o un hospital. También puede comenzar cuando un amigo pregunta, cuando un familiar escucha o cuando un docente registra que algo cambió.
¿Qué puede hacer un amigo?
Primero, acercarse. Escuchar sin burlarse, minimizar ni juzgar.
No intentar resolver todo por su cuenta. Y, especialmente si la situación parece urgente, buscar ayuda de un adulto de confianza o de un equipo de salud. Porque acompañar no significa cargar con el problema de otra persona. Significa no dejarla sola frente a algo que necesita atención.
¿Y las familias y las escuelas?
También tienen una tarea enorme. Generar espacios donde se pueda hablar sin miedo. Estar atentos a cambios importantes. Preguntar cómo está un chico o una chica, no solamente cómo le fue en una prueba. Tomar en serio aquello que preocupa. Y saber a dónde recurrir cuando hace falta ayuda profesional.
El Ministerio de Educación de la Nación incluye la prevención y el cuidado de la salud mental dentro del trabajo de las comunidades educativas y propone fortalecer la articulación entre estudiantes, familias, docentes y equipos de orientación.
Porque una escuela que escucha también cuida.
Pedir ayuda no te hace débil
Durante septiembre, desde distintos organismos se repite una idea que vale para todo el año: hablar puede abrir una puerta.
La Línea Nacional de Orientación y Apoyo en la Urgencia de Salud Mental, 0800-999-0091, funciona las 24 horas, todos los días, y brinda atención gratuita y confidencial. También pueden recurrir a una guardia de salud o pedir ayuda a un adulto de confianza.
Y hay algo más que vale recordar:
No hace falta esperar a que una situación sea enorme para pedir ayuda.
No hace falta tener todo explicado.
No hace falta poder con todo.
Hablar también es cuidarte. Escuchar también es cuidar. Y acompañar puede ser el comienzo de una ayuda que llegue a tiempo.